La caza de las brujas

CRÓNICAS INSTANTÁNEAS

El mundo se divide entre Norte y Sur. Y esa división genera miles de matices. Esto también sucede cuando hablamos de rugby. Y más, si nos trasladamos al mundo profesional donde sin dudas Australia es una de las potencias. Y en ese contexto, Israel Folau no es un personaje más. El fullback del seleccionado australiano y de la franquicia Waratahs , quienes compiten con nuestros Jaguares, podría decirse que es casi su mejor exponente. Ágil, veloz, temible en el juego aéreo, buen tackleador y cómo buen aussie, excelente en el despliegue de manos, Folau se transformó en el máximo convertidor de tríes del Super Rubgy en la historia de la liga con 60 conquistas. Algo así como un trofeo de destreza individual por marcar goles.


Pero si estos no son argumentos suficientes para destacarse, Israel, publicó en Instagram un mensaje lleno de resentimiento hacia homosexuales, alcoholicos, drogadictos, adúlteros, ateos, etc….. Y vaya si esto abrió el debate.
Amparado en su fe cristiana evangélica, echó por tierra los pilares de todos los comités de ética deportivos de Australia como así también del mundo del rugby. Un deporte donde la camaderia, el compañerismo y el respeto mutuo forman parte de la sistemática del juego, sin el cual prácticamente no podría existir; sólo debilita las políticas de inclusión y formación de miles de jugadores jóvenes y niños.
Tiempo atrás Gareth Thomas, leyenda del rubgy galés fue agredido brutalmente por su condición de homosexual manifiesto en Cardiff. También en Argentina hubieron hechos similares.
Israel Folau no es sólo uno de los mejores jugadores de rubgy del mundo. Nadie puede exigirle que su vida privada sea un ejemplo. Pero si, que su accionar alrededor del deporte sea ejemplar. Porque justamente, Israel Folau es él mismo. Bajo la mirada de todos.

Por VíttoV.

Vitto V. Autor